Vuelta a casa

A los tres minutos de despegar desde Heathrow, el avión tenía una altura suficiente como para mostrar la inmensidad de la ciudad que dejaba atrás. Aunque era de noche, la constelación de luces estáticas y las culebras multicolores de las autovías permitían a cualquiera adivinar que la gran colmena que quedaba abajo era una de las más grandes que el hombre ha construido jamás. 

 Un hombre que vestía ropa de profesional asentado y gafas de diseño italiano acariciaba, ajeno al paisaje, la pantalla de su iPad con la sofisticación de un usuario habitual. De repente, sin saber muy bien por qué, su atención se fue por la ventanilla de aquel avión. Abrió la boca y, como quien tiene una revelación, exclamó con el acento de su tierra: “Esto es más grande que Jerez”. 

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