La invasión de los 902 (y cómo combatirla)

Ovejas telefónicas en el museo de las telecomunicaciones de Frankfurt am Main (Rupert Ganzer / Flickr)

Ovejas telefónicas en el museo de las telecomunicaciones de Frankfurt am Main (Rupert Ganzer / Flickr)

[Publicado en Consume y muere el 13/10/2010]

Sin la transformación tan profunda que la liberalización ha traído al mercado de las telecomunicaciones en los útimos, digamos, quince años, el artículo de hoy no tendría sentido. ¿Qué empresa contaba con un número corporativo que empezara por 902 hace veinte años? ¿Quién tenía algún tipo de tarifa plana incluida en su contrato con Telefónica de España? De hecho, ¿quién sabía siquiera qué significaba la expresión ‘tarifa plana‘?

Hoy el cuento es bien distinto. Existen tarifas planas hasta en las cadenas de depilación (y no es coña, aunque lo parezca). El concepto de un pago único mensual a cambio de un servicio ilimitado se ha ido imponiendo en diversos sectores, como en los transportes urbanos, la circulación por autopistas de peaje en algunos países centroeuropeos o la citada depilación láser. Y, cómo no, en el sector pionero en la introducción de estos conceptos: las telecomunicaciones. La progresiva introducción de centrales telefónicas digitales permitió a los operadores ofrecer banda ancha a un precio razonable a la gran mayoría de clientes, pero los equipos instalados traían un extra que ha cambiado por completo nuestra relación con el teléfono: permitían llevar parte del servicio de voz por las mismas líneas que los datos. De hecho, es (casi) como si Telefónica hubiera cambiado a aquellas telefonistas que conectaban los cables entre clientes por una gigantesca central de Skype. Los costes de una llamada telefónica a un número fijo son tan bajos para la operadora que hoy se pueden ofrecer incluidos en la cuota mensual sin que las cuentas de resultados se resientan lo más mínimo. Si contratas el acceso a internet por banda ancha, tu proveedor aprovecha esta conexión para ofrecer el servicio de voz con la misma infraestructura y, a cambio, te cobra lo mismo cada mes por el paquete de servicios combinados.

El caso es que existen ciertos números a los que no puedes llamar con la tarifa plana de tu fijo. Por ejemplo, los móviles. La razón está en que por cada llamada el operador del usuario tiene que pagar al operador del receptor un coste por la interconexión entre redes. De esta manera, si tu empresa te ofreciera una tarifa plana y tú llamaras mucho, pondrías en peligro la rentabilidad del negocio, y eso no suele pasar nunca en empresas medianamente serias (o medianamente capitalistas).

Otro caso es el de los números de atención al cliente que empiezan por 901 ó 902. En constante expansión desde los años 90, estos números ofrecen a las empresas “un número de acceso único para todo el territorio, fácil de recordar, al mejor precio para sus clientes y de una alta calidad, mejorando la imagen de la compañía, y la facilidad de contacto para sus clientes y proveedores”, según la web de una de las empresas que ofrecen numeraciones de este tipo a clientes corporativos a precios realmente bajos, a partir de 16 euros al mes. Otras ofrecen la cuota mensual gratis “para clientes que reciban al menos 500 minutos de llamadas al mes”. Y aquí está la madre del cordero (o de las ovejas de la foto): la recepción de llamadas en números especiales reporta cierto beneficio para la empresa proveedora por las tarifas de interconexión. O sea, que el servicio es más rentable para el operador cuantas más llamadas recibas.

¿Y por qué no tienen las empresas números normales, con un prefijo 91 si están en Madrid, o un 978 si están en Teruel, y así no pagamos nada por llamar a sus departamentos de atención al cliente? Pues porque muchas han decidido como medida de márketing adoptar una identidad falsa y dar imagen de mayor tamaño disfrazando su normalito “939 018 xxx” con un número similar al que hace quince años tenía Iberia, Repsol, Telefónica y cuatro más. Al final, a ellos les sale gratis y somos los usuarios los que pagamos el desvío del 902 al número tradicional cuando tenemos que ponernos en contacto con las empresas para pedir información sobre sus servicios o para reclamar algún importe mal cobrado.

Afortunadamente, hay quien se ha dado cuenta de que casi todos los 901 ó 902 tienen detrás un número geográfico que, al marcarlo, te lleva exactamente al mismo sitio que el especial. La web nomasnumeros900.com es la pionera en esta lucha de guerrillas contra los operadores de números 902. Allí podemos descubrir que el número genérico del Banco Santander (902 242 424) es en realidad una máscara para el 912 737 006, al que podemos llamar sin coste adicional al que ya pagamos por la tarifa plana de voz. A través del buscador de la página (al que se puede acceder directamente en la dirección www.nmn900.com) podemos averiguar si existe un número normal antes de utilizar el especial. Además, la web está alojada en un servicio wiki que permite que añadamos números si los descubrimos durante nuestra relación con las empresas, como cuando nos llaman ellos para informarnos de alguna oferta o si, por ejemplo, trabajáis en uno de los centros de atención al cliente y tenéis acceso a esta información tan codiciada (y agradecida por nuestros bolsillos).

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  1. Dos años de garantía. En Apple, también. | XoséAlberte.es - 16 enero, 2013

    [...] línea de atención a los clientes, el 902 151 992. Aunque es un número de tarificación especial, como pasa en muchas ocasiones existe un número fijo que remite al mismo servicio, el 917 497 683, que podéis usar sin gastar [...]

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