Notas al programa: ‘Innovaciones disruptivas’

Publicado en el programa de mano del concierto que la Orquesta West-Eastern Divan y el maestro Daniel Barenboim ofrecieron en el Teatro de la Maestranza de Sevilla en agosto de 2013. Huyendo de un estilo más académico y complejo, que admiro en tantos autores de notas al programa pero que queda fuera de mis intereses y estilo, mis notas proponen acercar la música al público asistente con un tono más franco y coloquial, acercando el texto a otros campos de la cultura y la sociedad que resulten cercanos al lector para comprender la relevancia de las obras presentadas. 

 

En algún momento alrededor del año 3.200 antes de la era común, en alguna de las ciudades de la civilización que nacía entre los ríos Tigris y Éufrates en el corazón de Oriente Próximo, algún comerciante con mala memoria, o con un negocio tan floreciente que la contabilidad excedía a su capacidad mnemotécnica, comenzó a utilizar tablillas de arcilla para apuntar, con el uso primero de pequeños jeroglifos y después de marcas en forma de pequeñas cuñas, los avances de su negocio. Esta técnica de contabilidad, aunque rudimentaria, cambió la historia de la humanidad por la revolución que supuso la posibilidad de plasmar en un soporte duradero una cuenta, una nota… o una idea. La aparición de la escritura pudo ser, en realidad, mucho más compleja que esta historia de ficción y producirse en otros momentos históricos en diferentes puntos del mundo como el Lejano Oriente o Centroamérica a manos de personas que no habían tenido ningún contacto con nuestro comerciante. La complejidad de la inmensa mayoría de las sociedades humanas hizo necesario en un momento dado contar con herramientas de procesado de la información.

Concierto de la Orquesta West-Eastern Divan en Granada 2013 (foto Luis Castilla / Fundación Barenboim-Said)

Concierto de la Orquesta West-Eastern Divan en Granada 2013 (foto Luis Castilla / Fundación Barenboim-Said)

Si echamos la vista atrás vemos este descubrimiento inevitable como un acontecimiento que marca un punto de no retorno en la evolución humana. Aquel rudimentario sistema es el ejemplo perfecto de lo que hoy llamamos innovación disruptiva: un desarrollo técnico de una importancia tal que es capaz de transformar la sociedad mucho más allá de lo que el propio inventor nunca habría soñado. Además de la escritura, varias innovaciones disruptivas han marcado de manera decisiva la historia de la humanidad: la agricultura y la ganadería, la invención de la imprenta o la máquina de vapor. Una mínima parte de los 107 millardos de personas que han vivido en el mundo han tenido la oportunidad de ser testigos directos de uno de estos saltos de gigante que empujan a la humanidad a convertirse en algo completamente diferente. En estos momentos estamos inmersos en una de estas transformaciones, la que aplica los principios de la creación y transmisión de la información digital a los objetos de uso cotidiano.

Quizá sólo el tiempo nos dé la capacidad para valorar, en su justa medida, la metamorfosis que vivimos en estos días convulsos. Es esta perspectiva la que nos permite hoy en día valorar de manera adecuada la existencia de figuras musicales como las que nos ocupan en los conciertos sinfónicos que la Orquesta West-Eastern Divan ofrece estos días en Andalucía. Berlioz, Wagner y Verdi son para la música figuras de una importancia crucial. Aunque en diferentes lugares, los tres fueron testigos de cómo una mera invención técnica, la máquina de vapor, era capaz de asentar los cimientos de una sociedad radicalmente distinta. La enorme influencia que los tres ejercieron en sus sucesores es similar, en el ámbito de la música, a la de desarrollos tan relevantes como la aleación del hierro y el carbono para la producción de acero, la extensión del ferrocarril o la creación de la cadena de montaje.

El programa que esta noche interpreta la Orquesta West-Eastern Divan es una selección de las obras más relevantes e influyentes de Giuseppe Verdi y Hector Berlioz, figuras auténticamente revolucionarias, ya en vida, para las sociedades italiana y francesa, en cada caso. Los dos son herederos de la idea que motivó la vida y la creación de Beethoven y que supuso, en sí misma, una disrupción similar en el ámbito de la música a la de las tablillas de arcilla. El músico ya no debería ser un siervo a las órdenes de un patrón o una persona acrítica inserta en la corriente creativa del momento, sino un ciudadano activo y consciente de su responsabilidad ante la sociedad.

Se plantea por primera vez, en el contexto del nacimiento de la sociedad contemporánea, un individuo que sirviese a los demás demostrando que su obra podía ser, al mismo tiempo, un medio de vida para sí y un elemento de progreso para la sociedad. El Freunde, nicht diese Töne! que culmina su creación musical es un grito de atención a sus coetáneos y a los sucesores de estos, como los propios Verdi y Berlioz, que reaccionaron de la manera más provechosa a la llamada a crear obras totalmente nuevas, con otras voces y desde un punto de vista inexplorado. La Orquesta West-Eastern Divan nació, hace ahora catorce años, de una determinación similar por explorar caminos radicalmente nuevos para superar situaciones que entonces, y aún hoy, parecían irresolubles.

La primera parte del concierto de esta noche está dedicada a la obra de Giuseppe Verdi, uno de los músicos esenciales en el siglo XIX y en la historia de la ópera. En gran medida, es el ejemplo canónico de músico profesional e independiente surgido del modelo disruptivo de Beethoven. Hombre de origen humilde, supo aprovechar las condiciones de las primeras décadas de la nueva era liberal para formarse, desarrollar sus enormes aptitudes musicales y componer algunas de las más brillantes páginas operísticas del siglo, con un reconocimiento unánime del público y de la crítica y una repercusión que trascendió, con mucho, los muros de los teatros y las páginas de la prensa especializada, llegando a influir en los movimientos políticos por la unificación de las diferentes entidades territoriales para formar la República Italiana. El programa comienza con la obertura de Las vísperas sicilianas. La fama de esta pieza supera a la de la propia ópera a la que sirve de prólogo y se ha convertido en habitual en los atriles de orquestas de todo el mundo. Mayor fama, si cabe, tienen los dos preludios de La traviata que la Orquesta West-Eastern Divan interpretará a continuación. Escritos para los actos primero y tercero de la ópera más popular de Verdi, estas piezas breves siguen resultando sublimes a oídos de los aficionados a la música y han sido utilizados, especialmente el primero, en multitud de obras artísticas de todo tipo desde su estreno en Venecia en 1854.

La primera parte del concierto de esta noche concluye con la obertura de La fuerza del destino, uno de los ejemplos más universales de entre el centenar largo de óperas que tienen como escenario —para toda o, al menos, una parte de su trama— en Sevilla, un destino predilecto para los viajes reales o imaginarios de los creadores de la época que se habían entregado con pasión a imprimir en sus obras un decidido aire romántico. Basada en Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas, La fuerza del destino se estrenó en San Petersburgo en 1862. Sevilla y Triana son el escenario inicial de esta obra, que data su acción a mediados del siglo XVIII en la ciudad que, aunque ya de capa caída tras el descontrolado esplendor del barroco, continuaba siendo la puerta de América a ojos de los europeos de la edad moderna. El propio Verdi visitó la ciudad al año siguiente del estreno y se hospedó en la Fonda de Londres, antecesora del actual Hotel Inglaterra. Las crónicas periodísticas de su visita recogieron que, guiado por el industrial Carlos Pickman Jones, conoció muchas de las joyas arquitectónicas y artísticas de la ciudad, como la catedral y el Museo de Bellas Artes y hasta llegó a visitar la fábrica de porcelana de su anfitrión.

La segunda parte del concierto está dedicada, íntegramente, a una de las obras más destacadas en la extensísima producción musical francesa del siglo XIX. La Sinfonía fantástica de Hector Berlioz es, en cierto modo, otro nuevo ejemplo de innovación significativa, por cuanto supone uno de los primeros ejemplos de la orquestación sinfónica que heredaron y desarrollaron compositores como Ravel, Mahler o Wagner. La obra, datada en 1830, transmite al espectador las sensaciones oníricas de un viaje psicotrópico a base de opio y otras sustancias de uso común entre los artistas románticos y, en realidad, muchos de sus sucesores. La estructura y contenidos de los cinco movimientos responden, pues, más a una sucesión de sensaciones y ensoñaciones que a las rígidas formas que habían caracterizado a las producciones sinfónicas del siglo anterior. Más allá del uso de sustancias alucinógenas, la obra es un recorrido por los sentimientos y emociones que provocaba en Berlioz la obsesión por Harriet Smithson, una actriz que había conocido unos años antes y cuyo recuerdo acompañaba al autor durante sus días y sus noches. Con la propia enumeración de las diferentes fases de este viaje bajo los precisos títulos de ‘Ensueños y pasiones’, ‘Un baile’, ‘Escena en el campo’, ‘Marcha al suplicio’ y ‘El sueño de una noche de sabbat’, Berlioz propuso en cierto modo uno de los primeros ejemplos de música programática, aquella que responde a un guión previo y que intenta evocar imágenes y otras sensaciones extramusicales en la mente del espectador superando a la propia experiencia musical.

El programa de hoy, del mismo modo que el de anoche y el de mañana, contiene pues una buena representación de innovaciones esenciales para la historia de la música. La reivindicación de estas obras sirve, de esta manera, como un homenaje personal de la Orquesta West-Eastern Divan, coincidiendo con el bicentenario del nacimiento de Verdi y Wagner, a autores que supieron ir más allá de las rutinas y procesos establecidos para crear los cimientos de la banda sonora de una era radicalmente nueva, que rectificó los principios sociales inmovilistas y reivindicó, por fin, la importancia —y la responsabilidad— de todos y cada uno de los ciudadanos, los que vivían entonces y los que vivimos ahora, hacia la mejora de la sociedad y la superación de situaciones injustas.

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