Photo op

Koizumi, Schröder, Aznar, Bush y Chirac

Koizumi, Schröder, Aznar, Bush y Chirac

Cuentan que durante los años de mandato de Nixon el personal de la Casa Blanca anunciaba al cuerpo de prensa que el presidente posaría ante las cámaras con un escueto “There will be a photo opportunity in the Oval Office” [habrá un posado para fotografías en el Desapacho Oval]. En cientos de ocasiones desde entonces hemos visto a los presidentes estadounidenses posar sonrientes sentados en butacones tapizados de rayas y acompañados por personajes de la más variada procedencia, en su mayor parte de jefes de estado que buscan en esta photo op la oportunidad de demostrar en sus países de origen cuán importantes son y cómo de cercanos se sienten con el presidente americano de turno. Memorables aquellas fotos en las que Aznar y Bush compartían puros y apoyaban los pies en una mesa a la vez y que, a todas luces, fueron difundidas por La Moncloa para mostrar que, por delante de los correctos Chirac, Schröder y Koizumi, era el español quien estaba más cerca del tejano y quien compartía con él tabaco y gesto de familiaridad y campechanía.

Leo en la web de la BBC acerca de las photo ops: “Huelga decir (…) que la situación estará controlada para que los sujetos en las fotografías siempre aparezcan iluminados de la mejor manera, con amplia sonrisa, estrechando sus manos y con apariencia de felicidad”. Es lógico: después de todo, el responsable de comunicación que monta la photo op no busca ofrecer a los reporteros la oportunidad de conocer cómo se desarrolla una reunión o encuentro. El objetivo es demostrar —muchas veces con una artificialidad patente— que el político o responsable en cuestión está trabajando para alcanzar un objetivo determinado y que cuenta con las relaciones adeduadas. En un momento de tragedia o catástrofe natural, las photo ops se utilizan para demostrar que el líder se preocupa y que está al mando.

El problema en esta cuestión, y en todas las técnicas de comunicación política, es que es un arma de doble filo. Por mucho que los asesores de comunicación de Aznar quisieran demostrar que el presidente mantenía una relación estrecha y fructífera con Bush, esta foto  y las que la siguieron varios meses después no hicieron más que avivar las protestas contra la participación de España en la guerra que Estados Unidos emprendió en Irak. Lo que pretendía ser una muestra de fortaleza acabó siendo el blanco de bromas y críticas y, finalmente, causa de la derrota electoral en 2004.

Diez años después, Galicia vive hoy uno de los episodios más trágicos de su historia reciente. Una parte muy significativa del parque natural de las Fragas do Eume está ardiendo. De las 9.126 hectáreas que componen el espacio, uno de los últimos ejemplos de bosque atlántico que quedan en Galicia tras la invasión de los eucaliptos, las llamas han arrasado en veinticuatro horas unas 750 ha y se espera que sigan avanzando a pesar del trabajo de los efectivos del dispositivo antiincendios de la Xunta de Galicia y la Unidad Militar de Emergencias llegada desde León, a 300 km del incendio.

En estas estamos cuando el presidente Feijóo decide anular su visita a la Feira do Viño de Amandi en Sober para implicarse personalmente en el control y la extinción del fuego de las fragas. Es lógico que, puesto que las competencias son del gobierno que preside y el desastre ecológico es de gran magnitud, su presencia en la zona del incendio pueda servir siquiera como apoyo explícito a los habitantes y trabajadores que luchan contra el fuego.

Feijóo empuña una manguera para apagar el fuego en las Fragas do Eume

Feijóo empuña una manguera para apagar el fuego en las Fragas do Eume

El problema llega cuando los asesores de Feijóo —inmersos ya en la precampaña para las elecciones autonómicas del año que viene— deciden que hay que hacer visible la implicación directa del presidente y lo ponen, con la camisa y los zapatos náuticos con que iba a estar de fiesta en Ourense, en el medio de un monte arrasado empuñando una manguera de jardín. Por no tener, la manguera no tiene ni boquilla y es el propio Feijóo con su dedo pulgar quien se encarga de que el chorro de agua llegue más lejos. Atención a la pose, a las mangas remangadas, a las pulseras de hilo.

Una vez más, los asesores fracasan al fijar el objetivo de su trabajo en el día de hoy. Para ellos, que las Fragas se quemen es, más allá de una tragedia de la que llevará décadas reponerse, una oportunidad para demostrar que el presidente es el candidato adecuado para enfrentarse a los problemas de Galicia, especialmente en un momento en que el PP ve las orejas al lobo después del fracaso estrepitoso en Andalucía y tras la huelga general.

¿Es decente atender a estos intereses tan básicos y cortoplacistas en momentos en los que se está produciendo una catástrofe? No. Sobre todo después de que el gobierno que él preside haya anunciado que es necesario, en aras de la austeridad que se impone en estos tiempos, reducir de manera muy notable la cantidad de recursos y operarios dedicados a luchar contra el fuego y limitarlos a zonas determinadas. Según el conselleiro de Medio Rural en el cargo el pasado septiembre, “los servicios están muy bien dotados” y “se refuerzan en el período de alto riesgo”.

El fuego sigue avanzando y con toda seguridad se llevará por delante muchas más hectáreas de fragas y el crédito político de Feijóo. Mientras asistimos impotentes a la tragedia, lo bueno es que en cuanto a la carrera de Feijóo nadie va a llorar. La pérdida, si es que se puede llamar así, se olvidará en muy poco tiempo.

No hay comentarios.

Envía tu comentario